viernes, 13 de junio de 2014

"Godzilla", un reboot con ganas de ambición

Gareth Edwards es uno de esos directores que, con poco presupuesto y una buena idea puede sacarse una buena película (véase "Monsters", su ópera prima). Y entonces los ejecutivos de Warner Bros. Pictures y Legendary Pictures debieron pensar "¿y si pusiéramos en manos de este hombre un proyecto que ha estado durante mucho tiempo gestándose y pudiera disponer de un gran presupuesto?" pues bien aquí está la respuesta: en "Godzilla".
En su día, cuando se anunció una nueva versión de este clásico japonés de 1954, muchos esperábamos algo como aquella "joyita" que nos entregó Roland Emmerich en 1998: brillantes efectos especiales, diálogos risibles, y un guión que hacía aguas (calificativo que me viene como anillo al dedo tratándose de un monstruo que emergió de los mares). Poco a poco nos van dando pistas de la forma que tendrá el nuevo proyecto de "Godzilla", salen a la luz unos enigmáticos trailers que parecían prometer algo totalmente distinto a la anteriores entregas. Las expectativas aumentaban y la espera se iba diluyendo a cuentagotas. Por fin llega el día del estreno. Todos sabíamos que la propuesta era arriesgada y que Edwards podía hundirse con su criatura o volar por encima de ella. Las primeras reacciones lo confirmaron: la crítica especializada acabó por polarizarse, ya que, mientras unos la alaban por su sentido de la espectacularidad, otros la criticaban por su falta de drama humano (aparte queda los que decían que el monstruo estaba "demasiado gordo").
Realmente tras su visionado puedo decir que en todo momento se puede sentir y degustar un curioso aroma a cine épico: esas escenas de ciudades destruidas y totalmente asoladas, sus impresionantes efectos especiales (sencillamente geniales y de un realismo atronador). Su el ambiente destructivo, en general, es lo mejor de toda la película . Pero por otro lado este ese drama humano, esas circunstancias que les toca vivir a las víctimas de tal terrorífico suceso, ese drama humano SI está presente pero no con la gran intensidad que parecía sugerir. Vamos a analizarlo, tras un misterioso prólogo y la presentación de los personajes empiezan las alarmas: monstruos y destrucción a mansalva. Vemos lo que les ocurre a los personajes, lo que sufren, pero no nos involucramos, no tenemos ese nudo en el estomago que tuvimos cuando la gigantesca ola procedente del océano Índico nos golpeó y nos dejó sin habla en la reciente "Lo imposible". Se que las comparaciones son odiosas y que sus tramas se parecen en el blanco de las páginas de los guiones, pero hubo quien se esperaba un nivel emocional similar (que conste que un servidor no se incluye). Sin embargo no estamos hablando de una película de catástrofes naturales, sino de una en la que aparece un lagarto gigante con ganas de destrucción y como es obvio en lo único en lo que pensamos es por dónde y cuando va salir Godzilla.
 Gareth Edwards dando indicaciones Aaron Taylor-Johnson
Esto último puede resultar familiar, pues la versión de 1998 también se le daba el protagonismo a la bestia (de hay la elección que hizo aquella de un plantel de actores "desconocidos" para el gran público), pero en la versión de 2014 no ocurre esto: Godzilla aparece en momentos puntuales de la película (sobre todo al final). La diferencia entre ambas versiones es que en la actual, el protagonismo a Godzilla se lo damos nosotros: desde el primer momento nos preguntamos inevitablemente "¿dónde está?". Edwards no a querido pecar del error de Emmerich, aquí son los actores los que deben llevar el peso de la trama (sobre todo Aaron Taylor-Johnson) y no al revés. Al final ese drama humano queda un poco apartado (que no desaparecido) para dar lugar al espectáculo de pirotecnia y efectos digitales. Hago hincapié en esto porque la mayoría de las críticas negativas, hasta el momento, se han enfocado en este tema: la pequeña ausencia de humanidad. 
Otra curiosidad es la perspectiva que han querido darle a Godzilla, es decir, la variación de los motivos que le mueven a obrar, pues sus apariciones han tenido un foco particular, que es lo que le lleva a destruir (me abstengo de revelar partes importantes del argumento).
Algo que personalmente no me agradó fue la banda sonora que en ocasiones me soñaba a música de telefilm, y es que no consigo entender como tratándose de un maestro como Alexandre Desplat (Argo, El árbol de la vida o Zero Dark Thirty) la B.S.O no encuentre el tono de la película.
En lo referente a los aspectos técnicos no hay nada más que hablar, excelentes.
Bryan Cranston y Aaron Taylor-Johnson en un fotograma
de "Godzilla"
Y en cuanto al reparto, es inevitable no destacar de Bryan Cranston intérprete que encarnó a los inmortales Hal Wilkerson y Walter White. Aquí se reserva un papel secundario en el que da vida a un físico nuclear y padre del protagonista. Un interpretación que, sin llegar los límites de su excelente currículum, resulta convincente y peculiar. Pero es Aaron Taylor-Johnson es el protagonista indiscutible de la obra que nos acontece, y aunque no sea su mejor interpretación, consigue protagonizar muy buenos momentos de tensión. Elizabeth Olsen sufre en esta película lo mismo que les ocurre a Ken Watanabe y a Sally Hawkins: sus apariciones son muy reducidas y con poca intensidad (salvo Olsen en cierta escena en la ciudad), pero dentro del cometido específico que tiene cada uno en la película no hay queja alguna. En general diría que "Godzilla" es más una película para el lucimiento técnico que para la interpretación, pero sin caer en "aquellas cosas" de la versión del 98. 
En conclusión, ¿es una película para ver en el cine? Sin duda, son dos horas de puro entrenamiento que no aburre, además posee una propuesta visual muy curiosa y excelente; ¿podría haber sido algo más grande? Con un guión con personajes mejor definidos no le quepa la menor duda, pero como no todo puede ser perfecto, tendremos que apañarnos con lo que hay: una película entretenimiento que sólo cumple la mitad de sus ambiciones. 

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